El sonador telegráfico
Durante ochenta años el morse no pitó. Sonaba a metal contra metal, y se escuchaban separaciones, no tonos.
Un sonador es un electroimán con una armadura móvil. Llega corriente y la armadura golpea hacia abajo contra el tope: un clic claro. Se corta la corriente y un muelle la devuelve: un segundo clic, más apagado. Entre ambos está la duración del elemento.
Un telegrafista no oía, pues, tonos largos y cortos sino pares de clics con separaciones distintas. Suena a detalle, pero es la razón de casi todo lo que resulta extraño en el morse americano.
Por qué el morse americano es como es
La versión original de 1844 tiene caracteres con pausas interiores: la C no era un patrón continuo sino dos elementos con un hueco dentro. En el sonador no suponía problema: de todos modos se escuchaban separaciones, y un hueco más era un hueco más.
Por radio se convirtió en un desastre. El ruido llena cualquier hueco, las señales se difuminan con la distancia y una pausa interior deja de distinguirse de un límite entre caracteres. Por eso se impuso la revisión de Gerke de 1848, en la que cada carácter es un patrón continuo. Más en morse americano.
Aquí se pueden comparar directamente: el mismo texto, una vez en el código de 1844 y otra en el actual.
Las tres construcciones
El sonador en caja resonadora era lo normal en una oficina telegráfica: la caja de madera amplifica el sonido y lo hace más cálido. Un sonador desnudo sin caja suena más claro, más corto y más destartalado. Un relé en la sala contigua es el mismo mecanismo oído a través de una pared: apagado, pero aún legible, y justo por eso una oficina podía atender varias líneas a la vez.
La prueba
Bajo el aparato está el texto tal como se puede releer a partir de los clics: no la entrada, sino lo que un oyente sacaría solo de las separaciones. Con el código internacional ambos coinciden: la representación por clics lleva toda la información, y el sonador no es un juguete sonoro sino un receptor completo.
Con el código americano no coinciden, y ese es el caso más interesante. Allí la pausa interior mide 1,5 unidades y el límite entre caracteres 2: demasiado cerca para separarlos solo por las distancias. Un telegrafista podía hacerlo porque conocía el contexto y estaba acostumbrado a la mano del otro. Por radio, con ruido y señales difuminadas, ya no ayudaba ninguna de las dos cosas. En eso fracasó el código, y aquí uno puede verlo demostrado.
El umbral entre corto y largo, por cierto, no se impone sino que se estima a partir de las separaciones presentes, igual que hace una persona al oír por primera vez una mano ajena. El mismo procedimiento está dentro del decodificador.
Preguntas frecuentes
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¿Por qué no se oye un pitido?
Porque no había generador de tonos. Un tono aparece cuando la señal se pone sobre una portadora, y eso llegó con la radio. En el hilo el receptor era un electroimán, y los electroimanes hacen clic.
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¿Se podía trabajar rápido de verdad?
Sí, más rápido que la mayoría de los radioaficionados de hoy. Telegrafistas experimentados alcanzaban de 30 a 40 palabras por minuto con el sonador. El clic es una marca temporal muy nítida, más que un tono que tiene que estabilizarse.
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¿Qué era el resonador?
Una caja de madera, normalmente sobre un brazo giratorio, que alojaba el sonador. Amplificaba el sonido como la caja de una guitarra y podía orientarse hacia el oído. En una sala con veinte líneas no era comodidad sino necesidad.