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Memoria en código morse

Descubrir dos cartas, escuchar, recordar. La versión sonora es el ejercicio de verdad: quien la supera reconoce los caracteres de oído.

 

La memoria es un juego de recuerdo, y el código morse se aprende con el recuerdo: encajan mejor de lo que parece. Lo que importa es qué versión se elige.

Carácter y código muestra los dos lados por escrito. Ayuda al conocer el alfabeto, pero tiene un fallo: entrena a leer puntos y rayas, y eso es justo lo que nunca se necesita después. En el aire no llega nada escrito.

Sonido y carácter es la que cuenta. Una carta suena, la otra muestra la letra. Para encontrar una pareja hay que retener el tono, no la imagen, y esa es la misma capacidad que exige un contacto de radio.

Por qué una carta abierta vuelve a sonar

Una carta de sonido descubierta se puede tocar y suena otra vez. Es a propósito: quien oye un tono una sola vez y luego debe encontrarlo en algún punto del tablero no juega a la memoria, juega al azar. Con la repetición la tarea sigue siendo la que debe ser: recordar dónde estaba algo, no adivinar qué era.

Códigos Q sin sonido

La tercera versión empareja códigos Q con su significado, y lo hace sin sonido. No es un descuido: QRL, QSB o QTH no se aprenden de oído sino como vocabulario. Conocerlos permite seguir un QSO aunque se pierdan caracteres sueltos: tres letras sustituyen una frase entera, y el orden del contacto es siempre el mismo.

La lista completa está en códigos Q; aquí solo entran los habituales.

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